Una aventura que comenzó hace 25 años

La historia de cómo Marta y Pablo convirtieron una pequeña finca familiar en el jardín de frutos rojos de Asturias.

Vista panorámica soleada de los campos de cultivo de la Finca El Malaín en San Justo, Villaviciosa
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Una aventura que comenzó hace 25 años

La historia de cómo Marta y Pablo convirtieron una pequeña finca familiar en el jardín de frutos rojos de Asturias.

De las 'fabes' y las flores al arándano

Nuestra historia no fue un éxito inmediato. Somos Marta y Pablo, y cuando llegamos aquí hace un cuarto de siglo, nuestra idea era montar un negocio de turismo rural. Por aquel entonces, la Consejería decía que el fruto rojo era fácil de cultivar, así que nos lanzamos a la aventura.

Pero la realidad del campo es dura. Hasta el tercer verano, los árboles no dieron ni un solo fruto. La gente de la zona nos miraba extrañada, sin entender muy bien qué hacíamos con esos arbustos que parecían «exóticos».

Tuvimos que reinventarnos para salir adelante. Mientras esperábamos a que la tierra respondiera, plantamos fabes, cultivamos flores y organizamos mercadillos. Fue una escuela de vida que nos enseñó a tener paciencia y a confiar en que este cultivo, en realidad, era autóctono y se daría maravillosamente en nuestra tierra.

 
 

El día que el campo respondió

Y entonces, ocurrió. Empezamos a tener cosecha y a venderla a negocios locales, explicando puerta a puerta qué era un arándano. Un reportaje en prensa nos puso en el mapa y el resto lo hicisteis vosotros.

Lo que nació como una apuesta valiente ha crecido con nosotros. Hoy, El Malaín abarca 3 hectáreas de cultivo sostenible al aire libre. Ya no somos solo agricultores, nos hemos convertido en una escuela viva donde demostramos que hay otras formas de vivir del campo y mirar más allá.

Donde la felicidad se come

Quizás os sorprenda saber que no tenemos redes sociales. Nuestro «community manager» sois vosotros: cada cliente que viene y lo cuenta, hace que nuestra historia llegue a cuarenta personas más. Esa autenticidad es nuestro mayor orgullo.

Ahora, miramos al futuro con la tranquilidad de saber que el relevo generacional está asegurado gracias a nuestro hijo. Seguiremos trabajando para mantener esa puerta abierta donde los niños descubren que la fruta no nace en el supermercado.

«Gracias a vosotros hemos conseguido que El Malaín sea un lugar donde la felicidad se come y al que os damos la bienvenida siempre que deseéis disfrutar de una experiencia diferente.»